martes, septiembre 27, 2022
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Así deben ser los deberes para que los padres no desesperen y los hijos aprendan

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MADRID
Actualizado:

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Casi tres años después de la pandemia, las familias siguen invirtiendo gran parte de su tiempo en las tareas escolares. Y es que no solo el confinamiento puso en jaque a los deberes, también los incesantes cierres de las aulas en los colegios, cuya actividad lectiva ha continuado, tal y como ha defendido una parte del personal docente o los responsables políticos. Frente a ellos, los profesionales de la salud, quienes llevan dos años alertando de las consecuencias psicológicas de la Covid en menores y adolescentes, primando su
salud mental
por encima del currículo.

En medio de esta batalla, las
familias
. Padres y madres estresados ante una educación online que no siempre ha sido una aliada y que también ha evidenciado sus carencias ante la falta de recursos educativos.

También conviene recalcar que no todos los menores están preparados para gestionar solos, sin la supervisión de los adultos, las clases online. Y no todos los menores cuentan en casa con acceso a internet o dispositivos móviles que les permitan hacer los ejercicios de matemáticas o asistir a la última clase virtual de inglés.

Los deberes han sido motivo de polémica en España desde el año 2013. Entonces, la Confederación Española de Asociaciones de Padres de Alumnos (CEAPA) comenzó una lucha para
poner fin a los deberes
en casa porque, entre otras razones, no son un buen método de aprendizaje, sobrecargan a los alumnos y familias y contribuyen a crear desigualdad. De hecho, según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (
OCDE
), los estudiantes españoles dedican seis horas y media a la semana a hacer dichas tareas, frente a cinco horas de media que invierten los alumnos en los países de la OCDE.

Al otro lado, se sitúan quienes sí los defienden. Entre ellos, la Confederación Católica Nacional de Padres de Familia y padres de Alumnos (
CONCAPA
), que consideran que dichas tareas «ayudan al orden, la organización, crean hábito de estudio y disciplina».

Más allá del sí o del no

«La cuestión no debería ser ‘deberes sí o deberes no’ porque se puede caer en muchas trampas. Se trata de ir más allá: decidamos si son interesantes, es decir, si tienen un impacto positivo, si tiene consecuencias más allá del aprendizaje… Investiguemos. No se trata de tener que hacer deberes por el mero hecho de ir al colegio», apunta Fernando Trujillo, profesor de la Universidad de Granada.

Según diferentes investigaciones, existe una correlación positiva entre los deberes y los resultados de aprendizaje. «Pero depende de ciertos factores», puntualiza el docente. «No deben ocupar más tiempo del necesario, tienen que tener un sentido claro, no pueden ser repetitivos ni extensos y, además, deben permitir la autonomía del alumno. Son características de sentido común», explica Trujillo.

«Si un menor se pasa todas las tardes haciendo deberes, ¿qué pasa con su tiempo de ocio, en familia, el tiempo que debe dedicarle a la actividad física?», señala. «Lo mismo sucede con el sentido: mandar para casa 30 divisiones no es lógico. Cuando el alumno ya ha hecho tres y sabe cuál es el procedimiento, cuestiona la utilidad. Si el alumno no le ve sentido, la correlación positiva se fastidia. Es entonces cuando los deberes se vuelven contraproducentes. No pueden ser repetitivos porque saturan al estudiante».

«Los deberes no deben ocupar más tiempo del necesario, tienen que tener un sentido claro, no pueden ser repetitivos ni extensos y, además, deben permitir la autonomía del alumno»

Otra características de los deberes con sentido es la independencia, es decir, «el menor debe ser capaz de hacerlos por sí solo, sin la ayuda de sus progenitores para, entre otras cosas, no generar un problema de falta de seguridad en el menor», añade Trujillo. En este sentido, cabe recordar el reciente informe «Educación En la Sombra en España: Cómo las clases particulares se están convirtiendo en un bien de primera necesidad», que desvela cómo el gasto de las familias españolas en clases particulares o academias se ha triplicado en una década. Y es que el 24% de los estudiantes españoles recibe clases particulares (hace una década apenas era el 13%) . Dichas cifras son para Trujillo «un mal síntoma» que evidencian que «no estamos diseñando bien los deberes».

Colegios y profesores

La organización del centro escolar es vital en este sentido. «Si los deberes son el resultado de una actividad individual de cada docente, tendemos al absurdo», subraya el experto, para quien estas tareas «deberían hacerse en la clase y si no da tiempo, es que pasa algo. El profesor debe ser capaz de verlo y tomar una solución. No se puede limitar a mandar deberes para casa y corregirlos después», subraya.

En numerosas ocasiones, «los alumnos acaban haciendo auténticas jornadas laborales. En Primaria, por ejemplo, tienen una media de 30 horas a la semana. Si cada docente manda deberes para casa, habría que sumar, mínimo, una hora diaria más y eso es insostenible».

Las cuentas no fallan. El día tiene 24 horas. Los niños duermen, van al colegio y luego han de hacer deberes. Ducha, cena y a dormir. «¿Y cuándo sacan tiempo para otras cosas?», insiste el experto. «¿Cuándo pueden hacer deporte? Conviene no olvidar que en España tenemos un problema muy grave con los altos índices de obesidad infantil que registramos y eso es un problema de salud y económico muy serio».

Reflexión

Hacer actividades que complementen lo que se ha visto en clase puede ser, en opinión del experto, una buena alternativa para los menores. «Si están estudiando a Lorca, ¿no será mejor mandar a los alumnos ver en casa una película de alguna de sus obras que hacer un resumen de su obra? O si dan Química, ¿por qué no mandar que hagan diluciones en la cocina de su casa?», ejemplifica Trujillo.

«Los alumnos acaban haciendo auténticas jornadas laborales. En Primaria, por ejemplo, tienen una media de 30 horas a la semana. Si cada docente manda deberes para casa, habría que sumar, mínimo, una hora diaria más y eso es insostenible»

Al final, los deberes son la punta del iceberg del sistema educativo de nuestro país. «Merece la pena el debate pero con profundidad», asegura el experto. «Se ha demostrado también que el trabajo colaborativo o en grupo genera múltiples beneficios entre los estudiantes, que se sienten más cómodos entre sus iguales. Los alumnos entienden mejor el temario cuando se lo explica un compañero o hacen ejercicios en grupo porque se reparten tareas, responsabilidades y tratan entre iguales. ¿No somos capaces de ver eso? ¿Es mejor mandarles para casa a que hagan esos deberes que a veces ni entienden y necesitan la ayuda de un adulto?», se pregunta.

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