martes, septiembre 27, 2022
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Los mamíferos que ‘usurparon’ el trono a los dinosaurios eran «bastante tontos»

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Madrid
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Hace 66 millones de años, el reinado de los dinosaurios terminó, dando comienzo el de los mamíferos. La lógica hace pensar que la evolución primó a los más inteligentes, con cerebros más grandes, quienes se adaptaron mejor a los cambios. Sin embargo, un nuevo estudio viene a refutar dicha hipótesis: inmediatamente después de la extinción de los dinosaurios, los mamíferos se hicieron más grandes en lugar de más listos. Los resultados acaban de publicarse en ‘
Science
‘.

Si bien se conoce mucho acerca de la evolución de los cerebros de los mamíferos modernos, que ha ido ampliando su tamaño progresivamente, poco se conoce cómo evolucionaron aquellos animales prehistóricos después del catastrófico impacto del famoso meteorito que acabó con los dinosaurios.

Un equipo de la Universidad de Edimburgo ha arrojado luz sobre el misterio al realizar tomografías computarizadas en fósiles que datan de 10 millones de años después de la extinción que dio lugar al Paleoceno. Y sus hallazgos apuntan a una teoría que puede resultar contradictoria: en aquel momento, la evolución primó cuerpos que crecieron a un ritmo muy rápido, en contraposición de cerebros de mayor tamaño.

Los resultados de los escaneos también sugieren que los animales dependían en gran medida de su sentido del olfato, y que su visión y otros sentidos estaban menos desarrollados. Esto indica, según los autores, que para sobrevivir en la era posterior a los dinosaurios era más importante ser grande en vez de muy inteligente. Sin embargo, después de esta época, múltiples estudios respaldan que, efectivamente, los cerebros de los mamíferos, incluidos los primates que darían lugar a los humanos, empezaron a crecer, convirtiéndose en lo que son actualmente.

Cráneos y endomoldes virtuales dentro del cráneo translúcido del mamífero Arctocyon, del Paleoceno (izquierda) y el mamífero Hyrachyus, del Eoceno (derecha)
Cráneos y endomoldes virtuales dentro del cráneo translúcido del mamífero Arctocyon, del Paleoceno (izquierda) y el mamífero Hyrachyus, del Eoceno (derecha) – Ornella Bertrand y Sarah Shelley

Pero, ¿por qué? «Los cerebros grandes tiene un coste mayor para ser mantenidos, y, si no fueron necesarios para adquirir recursos, probablemente habrían sido perjudiciales para la supervivencia de los primeros mamíferos placentarios en el caos y la agitación después del impacto del asteroide», explica Ornella Bertrand, de la Facultad de Geociencias de la Universidad de Edimburgo y autora del estudio.

Una idea engañosa

Debido a que los mamíferos de hoy son mucho más inteligentes que sus antepasados, es fácil suponer que los grandes cerebros ayudaron a sus predecesores a sobrevivir a los dinosaurios y a la extinción. Pero, según los autores, esto no fue así. «Los mamíferos que usurparon el trono a los dinosaurios eran bastante tontos y, solo millones de años después, muchos de ellos desarrollaron cerebros más grandes mientras competían entre sí para formar nuevos ecosistemas», señala Steve Brusatte, otro de los autores y también investigador de la Universidad de Edimburgo.

Para llegar a esta conclusión, el equipo se centró en los restos recién hallados en la cuenca de San Juan, en Nuevo México, así como en el yacimiento del mismo periodo de Denver, en Colorado. Además analizaron otros cráneos de mamíferos de este período de tiempo de otros lugares. Junto con el tamaño del cerebro completo, Bertrand y sus colegas también midieron el tamaño de los componentes sensoriales individuales en el cráneo, como la neocorteza y los bulbos olfativos, para buscar cambios en esos componentes a lo largo del tiempo.

Su conclusión es que durante el Paleoceno, la evolución se centró en ampliar el tamaño de sus cuerpos rápidamente para rellenar los ‘huecos’ dejados por los dinosaurios, y no fue hasta el Eoceno cuando cambió esta tendencia. «En particular, los mamíferos placentarios del Eoceno desarrollaron su neocorteza y los componentes del cerebro involucrados en el movimiento ocular, a expensas de los bulbos olfativos», sugieren los investigadores. Es decir, nuestros antepasados empezaron a hacerse ‘listos’ después de lo que pensamos.

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