martes, septiembre 27, 2022
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Los que han crecido en un pueblo tienen mejor sentido de la orientación que los de ciudad

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Madrid
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Las calles, callejones, senderos y parques de nuestra infancia son el escenario donde se crean muchos recuerdos, pero también dejan otra huella insospechada en el cerebro. Un equipo internacional de investigadores ha descubierto que el lugar donde las personas crecen influye en su sentido de la orientación en la edad adulta. De esta forma, los que han pasado sus primeros años en zonas rurales o suburbanas, con caminos sinuosos y un urbanismo desordenado, se orientan mejor que los que lo han hecho en ciudades, especialmente si sus manzanas son rectangulares. El estudio aparece publicado en la revista
‘Nature’.

Los científicos de la Universidad Claude Bernard de Lyon, la de East Anglia (UEA) y el University College de Londres utilizaron datos de 400.000 personas de 38 países que jugaron al videojuego ‘
Sea Hero Quest’,
diseñado para la investigación del alzhéimer.

Los voluntarios debían navegar en un bote a través de un entorno virtual para encontrar unos puntos de control que se muestran en el mapa.

Los investigadores se dieron cuenta de que el lugar donde crecieron los participantes influía de forma notable en su desempeño en el juego. Las personas que pasaron su infancia en el campo destacaron por su sentido de la orientación en comparación con las que lo hicieron en las ciudades. El alcance de esta diferencia varía de un país a otro: muy fuerte en Canadá, Estados Unidos, Argentina y Arabia Saudita, mucho menos en Austria, Francia, India y Vietnam. Curiosamente, «España es el país del mundo donde el impacto de las ciudades en las personas es más pequeño. No hay diferencia», asegura a este periódico Hugo Spiers, del UCL. El equipo analizó las diez ciudades más grandes en nuestro país.

Comparación de la complejidad (y entropía) de dos grandes ciudades, Praga y Chicago. Los círculos de la derecha muestran el número de ramales con ángulos dados: casi todos los ángulos están representados en Praga, mientras que el cruce de Chicago está casi todo en ángulo recto.
Comparación de la complejidad (y entropía) de dos grandes ciudades, Praga y Chicago. Los círculos de la derecha muestran el número de ramales con ángulos dados: casi todos los ángulos están representados en Praga, mientras que el cruce de Chicago está casi todo en ángulo recto. – Coutrot et al./Naturaleza

Además, el estudio comparó las ciudades de origen de los jugadores mediante un análisis de la entropía (desorden) de las redes de las calles, para medir la complejidad y la aleatoriedad de su urbanismo. Resultó que las personas cuyas ciudades natales tenían una entropía más baja (lo que se conoce como plan hipodámico, diseños ordenados en cuadrícula como los de Chicago o Nueva York) eran peores a la hora de completar la tarea de orientación. Sin embargo, los de ciudades con diseños menos ordenados y con todos los ángulos presentes, como Praga o París, se desempeñaron solo un poco peor que los de las zonas rurales. Así, según sus resultados, crecer en una ciudad con una topografía compleja confiere un mejor sentido de orientación que con una simple.

Londres (izquierda) y Nueva York (derecha)
Londres (izquierda) y Nueva York (derecha)
Esta imagen muestra 1000 trayectorias aleatorias en Praga (ciudad más entrópica)
Esta imagen muestra 1000 trayectorias aleatorias en Praga (ciudad más entrópica) – Ed Manley

Entorno complejo

En general, las habilidades de navegación espacial disminuyen con la edad, comenzando en la edad adulta temprana. «Descubrimos que los que crecieron en áreas con calles como cuadrículas pueden tener habilidades comparables a las de las personas cinco años mayores que viven en áreas rurales, y en algunas áreas la diferencia fue incluso mayor», dice Spiers.

En un segunda versión del juego los autores comprobaron que los participantes de origen urbano podían moverse de forma más eficaz en entornos comparables a los de su infancia. De esta forma, las personas que crecieron en ciudades con trazado en damero (con calles paralelas y perpendiculares) fueron ligeramente mejores en entornos similares.

Esta imagen muestra 1000 trayectorias aleatorias en Chicago (ciudad reticular)
Esta imagen muestra 1000 trayectorias aleatorias en Chicago (ciudad reticular) – Ed Manley

Pero, ¿qué hace a las personas de origen rural más hábiles en la orientación? En pocas palabras, el entrenamiento en entornos más complejos y variables. Para Antoine Coutrot, de la Universidad de Lyon, «crecer en un lugar con un diseño más complejo de carreteras o caminos requiere hacer un seguimiento de la dirección cuando es más probable hacer múltiples giros en diferentes ángulos, mientras que también es posible que deba recordar más calles y puntos de referencia para cada viaje».

Según Spiers, «los resultados muestran que es específicamente la falta de ‘cuadrícula’ lo que subyace a una mejor habilidad espacial. Comprobamos una variedad de otras cosas posibles, por ejemplo, la longitud o la densidad de las calles, el número de giros… pero el factor más importante es la entropía del diseño de la calle».

El proyecto Sea Hero Quest fue diseñado para la investigación del alzhéimer, ya que los déficits de navegación espacial son un síntoma claro de la enfermedad. Pero el estudio no concluye que moverse por un área rural ayude a protegerse contra la demencia. De igual forma, tampoco están seguros de en qué áreas del cerebro influyen estas diferencias.

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